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En el Hospital Provincial, Magdalena V. de Martínez, se trabajaba las 24 horas

mayo 29, 2009

En la guardia del hospital  público de la localidad de Pacheco se atendían, por lo menos, 50 pacientes por día. Los servicios que brindaba la asitencia médica se encontraban divididos en clínica médica, pediatría, traumatología, ginecología, obstetricia y cirugía.

 La entrada del hospital estaba colmada de pacientes y de sus familiares, quienes esperaban para ser atendidos. En ese oscuro y frío atardecer se encontraba Jezabel, joven de 17 años quien contó, con cierta timidez, que se había caído y que le dolía la rodilla. La pobreza y la falta de educación se podían percibir en cada una de las personas presentes en la guardia. “El nivel socioeconómico y cultural es bajo. Es difícil que comprendan el tratamiento y que lo sigan”, comentó Juliana, una enfermera de pelo oscuro y mirada cansada.

Dentro del hospital, el calor y la humedad hacían de la espera algo interminable. Johann contó que había venido a traer a su hermanita Morena, quien estaba agitada con catarros. Ella aclaró: “Siempre venimos a Pacheco a pesar de que somos de Garín porque acá la atención es mejor”.

El escenario: personas doloridas en la sala de espera, mientras algunos médicos debatían el diagnóstico de una radiografía. “La guardia cambia recién a las 22 y a esta hora ya faltan suministros como algodón y gasas pero debemos esperar hasta el día siguiente para que repongan”,  explicó Carlos Rodríguez, médico alto y delgado, al pasar. “Hay poca presencia del estado. Hay presencia política, por ejemplo, para el festejo de los 100 años del hospital,  pero el problema es que no sale de la foto del diario”, agregó con enojo.

Maximiliano D´Anni de 25 años era un practicante de último año de medicina. Él comentó que atendían 50 pacientes por día en la guardia clínica. “Los casos más frecuentes dependen de la estación del año. Pero, en general, son los casos leves como trastornos gastrointestinales o cuadros respiratorios leves”, manifestó el joven entusiasta.

En una esquina se encontraba José Luis González, de 46 años, deseoso de contar todo lo que sabía. “El momento de más trabajo, son los fines de semana después de las 3. Los casos más frecuentes son las peleas después de la bailanta con botellas, cuchillos y armas de fuego. Los delincuentes que vienen heridos siempre dicen que les quisieron robar”, expresó el vigilante del hospital y añadió que también eran habituales los casos por accidentes de tránsito y maltrato familiar. 

 

“En la actualidad, es difícil este trabajo porque la gente es muy irrespetuosa y violenta,” expresó Azucena, una empleada. Además, manifestó que se solía maltratar verbalmente  a los médicos y al personal del hospital. Magdalena V. de Martínez contaba con asistencia psicológica de 10 a 22. Es decir, que existía contención para gente que sufría crisis de ansiedad o depresión pero si un paciente padecía una patología psiquiátrica se pedía la derivación a un hospital de referencia. “El tratamiento de salud mental no es efectivo en una guardia”, dijo Maximiliano DÁnni.

En la recepción, los pacientes reclamaban y exigían atención. “Me caí, vengo del Hospital de San Fernando donde no me quisieron atender, tengo vómitos, fiebre y mareos hace cuatro días. Tengo un atraso hace un mes y medio”,  confesó Marcela, una joven de 18 años. “Tengo mucha experiencia acá, yo supuse que se trataba de un aborto casero y el médico acaba de confirmar ese diagnóstico,” susurró la secretaria, una hora después, mientras salía del consultorio del ginecólogo donde se atendía a la adolescente. Explicó que el médico tenía la obligación de hacer la denuncia en esos casos.

En el Hospital Provincial, Magdalena V. de Martínez,  el embarazo adolescente abundaba. “Obstetricia realiza partos a jóvenes de 13 años, de 16 años quizás con un segundo parto ya y a los 20 hay casos en los que se trata de un cuarto parto“, confirmó Maximiliano DÁnni con cierta melancolía.

Aclaró que a los que terminaron la residencia se les pagaba por lo que hacían, pero que a diferencia de ellos, los residentes tenían más guardias por semana y cobraban un sueldo fijo. “No se paga bien por el nivel de estrés, responsabilidad y exposición”, dijo Maximiliano DÁnnis apasionado por su profesión. La vocación de servicio de los profesionales era el motor de la guardia en esa noche de otoño.

Fuente:Video de Youtube